CRÍTICA | INSACIABLE | NO AGUANTARÁS ESTA PELÍCULA HASTA EL FINAL

Publicado el 6 de agosto de 2026, 17:48

Esta es una de las propuestas de terror corporal más incómodas, grotescas y perturbadoras del año.

Lo primero que hay que entender de esta película es que no busca sustos fáciles. Es lenta, contemplativa, casi meditativa en su forma de contar la historia. Hay escenas donde, a primera vista, parece que no está pasando nada, pero justo ahí es donde se te va metiendo el terror por debajo de la piel, sin que te des cuenta.

La película se llama Insaciable y la dirige Natalie Erika James, la misma mente detrás de Relic. La cinta pasó por Sundance 2026 y se volvió una de las más comentadas del festival, precisamente por mezclar terror corporal con una crítica bien directa a la obsesión por la delgadez y sus técnicas de riesgo.

Todo arranca cuando una amiga que antes tenía sobrepeso, y que ahora luce completamente distinta, le recomienda unas pastillas para bajar de peso. Al investigar qué traían adentro, descubre que son literalmente cenizas de cadáver. Y en lugar de salir corriendo, hace lo contrario: empieza a robar fragmentos óseos de los cadáveres que estudia en su clase de anatomía para seguir bajando de peso.

A medida que adelgaza, el espectro de la persona incinerada, cuyos huesos consume, comienza a acecharla, primero como presencia difusa y después como entidad que reclama su cuerpo, detonando comportamientos compulsivos con la comida cada vez más incontrolables.

Bajo la presión de una madre exigente, afectada de dismorfia corporal y obsesionada con el control físico de su hija, y la ausencia emocional de un padre replegado en sí mismo, Hana se adentra en una espiral de conductas compulsivas que la sitúan, cada vez con menos distancia, entre la dieta y el canibalismo. No solo quiere bajar de peso: quiere encajar, sentirse validada, escapar de una incomodidad que ninguna recompensa inmediata le puede resolver.

Aunque el dispositivo argumental, pastillas hechas de cenizas humanas, pertenece de lleno al body horror de raíz cronenberguiana, Insaciable evita la explotación gráfica en favor de una angustia acumulativa: los efectos especiales, notablemente sobrios, se reservan para un puñado de imágenes que quedan grabadas por su economía antes que por su explicitud.

Funciona como territorio de terror doméstico antes que como espectáculo de sobresaltos. Insaciable radicaliza esa apuesta: es una obra de ritmo moroso, casi hipnótico, que renuncia deliberadamente al susto convencional para instalar el horror en la repetición, en el silencio de los pasillos hospitalarios y en la mecánica cotidiana de pesarse, medirse y contarse las calorías. James filma la anorexia y la bulimia no como síntoma clínico sino como ritual, y es en esa ritualización, el envase de las pastillas, el tintineo de la báscula, el sonido masticado de los huesos triturados, donde la película encuentra su registro más perturbador.

Y ahí articula una metáfora tan burda en su enunciado como eficaz en su desarrollo: la protagonista devora literalmente a quien la posee, en un bucle donde la búsqueda de validación externa, encajar, gustar, ser digna de una madre que interpreta cualquier kilo de más como fracaso moral, desemboca en la disolución del propio sujeto en el cuerpo ajeno.

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