Wile E. Coyote llevaba décadas cayendo de acantilados, explotando con dinamita defectuosa y estrellándose contra montañas pintadas antes de que a alguien se le ocurriera llevarlo a juicio, y todo nació de un texto que ni siquiera era una noticia real. En 1990, el escritor Ian Frazier publicó en The New Yorker un artículo satírico titulado "Coyote v. Acme", donde imaginaba, con formato de documento legal, cómo sería la demanda que el Coyote finalmente presentaría contra ACME Corporation por décadas de productos defectuosos que casi lo mataron una y otra vez.
Era puro humor, un ejercicio de escritura pensado para hacer reír a los lectores de una revista, no una propuesta real de película. Pero la idea se quedó rondando en el imaginario colectivo durante más de tres décadas, citada por fans y guionistas como uno de esos conceptos que "alguien debería convertir en película algún día".
Ese día llegó cuando James Gunn y Jeremy Slater tomaron el artículo como punto de partida para construir una historia completa, y después el guion terminó en manos de Samy Burch, la misma guionista nominada al Premio de la Academia por Secretos de un escándalo (May December). La combinación resultó en una comedia que mezcla sátira corporativa, humor absurdo y una carga emocional que nadie esperaba de un personaje que, en más de nueve décadas de historia, jamás había pronunciado una sola palabra en pantalla.
Ahora, ese mismo personaje mudo, conocido únicamente por perseguir a un correcaminos y fracasar espectacularmente en el intento, protagoniza su propio juicio contra la empresa que le vendió productos defectuosos toda su vida. Todo porque un escritor decidió, treinta años antes, imaginar cómo sería esa demanda en papel. Wile E. Coyote llevaba décadas cayendo de acantilados y explotando con productos de ACME antes de que alguien se le ocurriera llevarlo a juicio.
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