CRÍTICA | LA CALLE OAK | LA MEJOR PELÍCULA DEL AÑO PARA VER EN FAMILIA Y NO SALIR IGUAL

Publicado el 12 de agosto de 2026, 17:46

Una familia que apenas podía mantenerse unida terminó atrapada en el Cretácico, enfrentándose a dinosaurios y a una paradoja temporal que podía obligarlos a revivir su propia tragedia.

Esta película arranca como una película de ciencia ficción con el espíritu de las grandes aventuras de los 90, una mezcla extraña entre Jurassic Park y Jumanji, con tormentas eléctricas, criaturas prehistóricas y una familia completamente fuera de lugar en un mundo que no debería existir. Pero detrás de todo ese espectáculo hay algo mucho más íntimo: un matrimonio fracturado intentando mantener la apariencia de una familia feliz mientras todo a su alrededor se está viniendo abajo.

En medio de esa crisis está una madre atrapada en una profunda crisis de identidad y un padre golpeado por los problemas económicos, dos personas que ya no parecen saber muy bien qué hacer con su propia vida. A ellos se suma toda su familia y, en medio del desastre, hasta el padre repartidor de pizza termina formando parte de la expedición más absurda posible: sobrevivir en el Cretácico.

Y ahí ocurre lo interesante.

La película podría haber convertido a los dinosaurios en simples monstruos de espectáculo, pero decide tratarlos como lo que son: animales dentro de un ecosistema que no tiene ninguna razón para aceptar a los humanos. Tiranosaurios, depredadores y criaturas prehistóricas aparecen no como villanos, sino como amenazas ambientales. Ellos no pertenecen ahí. Son los intrusos.

Por eso la primera mitad funciona casi como una película de catástrofes doméstica. El verdadero peligro no está solamente afuera, sino dentro de la familia. Los dinosaurios los obligan a correr, esconderse y sobrevivir, pero el viaje también los obliga a enfrentarse con aquello que llevaban demasiado tiempo evitando.

Hasta que consiguen regresar.

Y entonces La calle Oak deja de ser simplemente una aventura prehistórica.

Porque la familia no vuelve exactamente al lugar del que salió. Regresa a una versión alternativa de su propia realidad, donde la tragedia que los llevó al Cretácico está a punto de repetirse. Lo que parecía un viaje de ida y vuelta se convierte entonces en un bucle espaciotemporal, lleno de paradojas, realidades alternativas y acontecimientos que parecen condenados a repetirse.

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