Esta es la película más visceral y salvaje que vas a ver este año.
Esta es una película de drama y thriller que convierte el Misisipi de los años sesenta en un campo minado donde cada decisión puede costarte la vida, y te reta a decidir qué harías si el sistema entero estuviera diseñado para que fracasaras. Lo perturbador de su premisa nace de un emparejamiento que jamás debió funcionar y funciona demoledoramente bien: un joven agente afroamericano del FBI, enviado a investigar el asesinato de un líder de los derechos civiles en territorio del Klan, recibe como compañero a un sicario de la mafia neoyorquina que opera sin reglas, sin miedo y sin ninguna intención de respetar procedimiento alguno. Uno de ellos sabe que puede hacer cualquier cosa. El otro sabe que no puede hacer nada. Y esa diferencia es el motor de todo lo que viene después.
En 1966, el agente Wayne Strider llega a Misisipi para investigar una ola de asesinatos contra figuras del movimiento por los derechos civiles, incluyendo el crimen que estremeció a toda una comunidad: la muerte de Vernon Dahmer, activista por el derecho al voto. Strider enfrenta hostilidad abierta de las autoridades locales, una investigación que no avanza y la certeza incómoda de que su propia placa federal no lo protege de nada en ese territorio. La agencia entonces lo empareja con Greg Scarpa, un ejecutor de la mafia apodado el Segador, con conexiones profundas y una disposición absoluta para operar al margen de la ley. Strider cree en el procedimiento. Scarpa cree en resultados. Y ninguno de los dos confía en el otro.
La alianza se enciende desde el primer enfrentamiento real, cuando la placa de Strider deja de significar algo y Scarpa resuelve la situación con una brutalidad que desarma cualquier discusión moral posterior. A partir de ahí, la investigación empieza a destapar una red de corrupción mucho más extensa de lo que cualquiera de los dos anticipaba, con figuras de poder local dispuestas a enterrar el caso sin importar cuántos cuerpos haga falta. Cada método de Scarpa acerca la verdad y aleja a Strider de todo aquello en lo que decía creer, obligándolo a negociar constantemente hasta dónde está dispuesto a llegar. Mientras tanto, los responsables saben exactamente quién es Strider y dónde vive. La investigación deja de ser un trabajo y se convierte en una cuenta regresiva.
Aquí está el verdadero golpe de la película: la química entre Yahya Abdul-Mateen II y Mark Wahlberg carga la obra completa sobre sus hombros, sosteniendo una tensión física constante que se siente en cada escena compartida. Abdul-Mateen II construye a Strider desde la contención absoluta, un hombre que calcula cada gesto porque sabe que cualquier error se paga con sangre, mientras Wahlberg, transformado con prótesis en una figura fría y pesada muy lejos de su registro habitual, aporta un desparpajo brutal que provoca risa y espanto en la misma respiración. Elegance Bratton, que venía del intimismo de The Inspection, se lanza a un lienzo enorme sin perder el interés que lo define: personajes atrapados entre instituciones que los traicionan. El resultado es coraje puro, rabia filmada con pulso firme, y dos interpretaciones lo bastante poderosas para asomarse a la conversación de premios.
Esta es la película más visceral y salvaje que vas a ver este año, y para cuando Strider entiende el precio real de esa alianza, ya no hay vuelta atrás. Esto es A Cualquier Precio, ahora en cines. Disponible mi último video.
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